Pregunta del día

febrero 20

¿Cuál es el camino de regreso a Dios cuando he pecado?

La forma de volver a tener comunión con nuestro Padre celestial, es a través de la sangre de Jesús. En 1 Juan 1:9, dice: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad». Dios te ama mucho y tiene grandes cosas reservadas para tu vida. En la Biblia dice que los planes que Dios tiene para ti son de bien y no de mal, y que éstos te llevan hacia la esperanza ¡de tener un futuro brillante (Jeremías 29:11)!

Dios no sólo desea que tengas éxito, sino también te ofrece Su gracia (poder sobrenatural) para que puedas llevar una vida de santidad (1 Corintios 10:13; 2 Corintios 12:9). En ocasiones, las presiones de la vida pueden parecer agobiantes. En esos momentos, comprende que tienes la habilidad de volver tu corazón a Dios y pedirle Su ayuda. Hebreos 4:16, dice: «Por tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda».

Jesús está sentado a la diestra del Padre intercediendo por ti —a pesar de lo que hayas hecho—. Parte de Su ministerio es ser tu Defensor o tu Abogado delante del Padre (1 Juan 2:1). Él aboga por tu caso, ofreciendo Su sangre, como un agente limpiador, para todos y cada uno de tus pecados. Como un hijo de Dios, puedes confesarle tus pecados al Señor, quien es fiel y justo para perdonarlos y limpiarte ¡de todas tus injusticias (1 juan 1:9)! Puedes lograrlo simplemente al repetir una oración de tu corazón, como la siguiente:

Padre, he pecado contra Ti, y ahora mismo decido alejarme de ese pecado y dejarlo atrás. Te pido Tu perdón por todos mis pecados, y por fe recibo la limpieza de todos ellos por medio de la sangre de Jesús. Recibo Tu poder para llevar una vida de santidad ahora. En el nombre de Jesús, ¡amén!

En la Biblia dice que Dios no recordará más tus pecados e iniquidades (Hebreos 10:17). No seas movido por tus sentimientos, si no te “sientes” perdonado. Tus sentimientos no son un factor determinante —la Palabra de Dios sí lo es—. Y Dios no miente. Él cumple Su Palabra, y en Su Palabra ¡se asegura que eres perdonado!