octubre 28, 2020

Atrévete a Resplandecer con la Luz de Jesús en tus Relaciones

Esta época del año puede traer maravillosos reencuentros con tus seres queridos. Una de las cosas que más aprecio de la Navidad es poder pasar tiempo con amigos y familiares que no he visto mucho en todo el año. Si eres como yo, probablemente estés deseando volver a conectarte con ciertas personas y ponerte al día con los acontecimientos de la vida.

También puede suceder que no deses tener a tus padres, suegros, hermanos, tías y tíos en lugares cerrados porque no siempre es una experiencia positiva. La idea de esa fiesta de Navidad en la oficina en la que se espera que te encuentres con algunos compañeros de trabajo con los que no necesariamente estás de acuerdo, es inquietante.

Si así es como te sientes, no estás solo. Ya sea en el hogar o en la oficina, las relaciones tensas sin duda alguna pueden poner un freno a una celebración destinada a brindar alegría.

Cómo se espera que sea

¡Piensa en cómo sería tu fiesta de Navidad si tuvieras buenas relaciones con todos los presentes! Imagínate, si no hubiera desacuerdos familiares ni malentendidos con amigos o compañeros de trabajo.

¿Suena imposible?

Bueno, estoy aquí para decirte que ciertamenteno es imposible. De hecho, esta debería ser la realidad de todo creyente, y Dios quiere ayudarte a lograrlo.

Pero antes de que Él pueda ayudarte, hay una cosa que primero debes hacer bien.

Empieza por hacer las cosas bien

La relación más importante que tienes es con Dios a través de Su Hijo, Jesucristo. Si no tienes esta relación bien, será difícil que las demás estén bien.

La buena noticia es que esta relación es la más fácil porque el Señor te está esperando con amor incondicional. No tienes que convencerlo de que eres digno y no tienes que discutir sobre quién tenía razón o quién estaba equivocado en un desacuerdo anterior.

Entonces, ¿cómo sabes si tu relación con el Señor esta bien? Observa cuántos de estos enunciados puedes responder afirmativamente:

  • He aceptado a Jesús como mi Señor y Salvador.

  • Busco conocer al Señor estudiando Su Palabra y orando todos los días.

  • Estoy poniendo en práctica lo que aprendo de la lectura y la oración.

  • Busco al Señor para obtener Su guía y protección en cada área de mi vida.

Cuando tengas este tipo de relación íntima con el Señor, estarás en condiciones de dejar que Él te  ayude a desarrollar, reparar y nutrir tus relaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo. A continuación, hablemos de las tres claves que te ayudarán a mejorar tus relaciones.

3 Claves para Mejorar tus Relaciones

Una vez que tengas una relación correcta con el Señor, estos tres principios más de la Palabra de Dios te ayudarán a mejorar cada relación que tengas.

1. Olvídate de la lista de personas que no se han portado bien contigo

¿Tienes una lista como esta? No me refiero a una lista física. Estoy hablando de una lista de personas que te han hecho mal.

Probablemente lleves esta lista en silencio en tu corazón todos los días, y cuando aparece el nombre de alguien en tu lista, inmediatamente lo asocias con cómo te ha lastimado.

La sola idea de tener que enfrentarlos en Navidad o en cualquier otro momento puede variar de desagradable a absolutamente horrible. Si te encuentras en esta posición, lo siguiente que debes hacer es olvidarte de esta lista.

¿Cómo? Perdonándolos.

Tal vez te preguntes … ¿Cómo rayos hago eso, Gloria? No tienes idea de cómo son estas personas y lo que me han hecho.

No, no es así. Y, francamente, no importa.

El Señor nos ordena que perdonemos a quienes nos han hecho daño y oremos por nuestros enemigos (Mateo 6:15, 5:44). Perdonarlos no es condonar sus acciones, sino liberarte de la esclavitud. Te libera y te mantiene en línea con la Palabra de Dios.

Es tan simple y sencillo como decir: «¡Obedezco! ¡Yo decido perdonar!»

Ahora, cada vez que pasen por tu mente pensamientos negativos sobre esa persona, dilo de nuevo: “¡Obedezco! ¡Yo decido perdonar!»

No dejes que esa conversación mental sobre lo que hizo esa persona, se reproduzca. Cuando te des cuenta de que estás haciendo eso, detente INMEDIATAMENTE y repite: “¡Obedezco! ¡Yo decido perdonar!»

2. Amar a los demás como Dios los ama

En el Jardín del Edén, Dios le dio a Adán un solo «no». Fue: No comas del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios solo dio una orden, pero ciertamente cubrió mucho territorio.

Hoy, si lo piensas, tú y yo solo tenemos un «no»: no te salgas del amor. Ese es nuestro único mandamiento. Debemos caminar en el amor, que cubre mucho terreno. De hecho, vemos en este pasaje que nuestro caminar en amor está conectado con todo lo que hacemos en la vida como creyentes, incluida nuestra fe. La fe, sin amor, no va a ninguna parte.

Dios quiere que caminemos en amor porque el amor nunca falla. Él quiere lo mejor para nosotros, y dado que lo mejor se encuentra en el amor, tú y yo debemos tener este estilo de vida para recibir lo mejor de Dios.

Puedes elegir amar a aquellos que te irritan y se comportan mal contigo. No te quedes sentado esperando una sensación cálida y difícil de percibir, solo ora por ellos. Pídele a Dios que te ayude a ver a esa persona como Él la ve.

3. Ora por tus relaciones

La oración es una fuerza poderosa y puede cambiar tus relaciones. Dios promete que la oración del corazón de un hombre (o mujer) que está bien con Dios tiene mucho poder (Santiago 5:16, NLV). Expresa las promesas de la Palabra de Dios y declara que cada una de tus relaciones es bendecida.

Pídele a Dios su sabiduría para saber qué hacer en cada relación. Escucha sus instrucciones y luego se obediente.

¡Atrévete a hacer brillar Su luz sobre tus relaciones!

  • Haz una lista de todos los que te han hecho daño. Lleva esa lista ante Dios y perdónalos. Luego, rompe esa lista como símbolo de tu compromiso de perdonar a todos los que están en ella.

  • Decide amar con el amor de Dios, incluso a los que te han hecho daño.

  • Si tienes una relación que es frustrante y constantemente te desafía, es posible que necesites una segunda opinión o alguien que te apoye (Proverbios 11:14). Habla con tu pastor, un mentor de confianza o un amigo. Incluso puedes llamar a la Línea de oración:

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