Sanidad

¿Estás cansado de esperar para recibir tu sanidad?

Hace unos años, un hombre que había estado luchando con la enfermedad le hizó una declaración clasica al hermano Copeland: “Sé que Jesús sana —le dijo—, pero ¡no sé qué hacer para recibir mi sanidad!”.

Si alguna vez te encuentras en esa situación, sigue el ejemplo de la mujer que se describe en Marcos 5. Ella sabía qué era tener problemas para recibir su sanidad. En Marcos 5:25-26, leemos que había estado enferma y en quiebra por mucho tiempo.

Si alguien tenía razones para decir: “No sé qué hacer para recibir mi sanidad”, era esa mujer. Pero ella no tomó esa actitud. En lugar de eso, siguió una serie de pasos que la conectaron con el poder de Dios, y terminó escuchando a Jesús decir: «Hija, por tu fe has sido sanada» (versículo 34).

Kenneth y Gloria Copeland, han sido testigos de la poderosa verdad que existe detrás de seguir esos pasos, a lo largo de su vida y de su ministerio. Aprende del ejemplo de Gloria, así como ellos lo hicieron y ya no tendrás que esperar para recibir tu sanidad.

Recibe tu sanidad escuchando la Palabra

En Marcos 5:27, se nos relata el primer paso de esta mujer: Ella “Escuchó a Jesús”.

Ella escuchó que Jesús se acercaba para llevar paz (Hechos 10:36-38), que en hebreo significa: “Estar pleno, sin que nada le falte ni esté incompleto”. Ella escuchó que venía para sanar a todos los que padecieran enfermedades y opresión, las cuales son obras del enemigo. Ella escuchó que Él había sido enviado por Dios para hacernos el bien —eso también incluye tu sanidad—.

Recibe tu sanidad hablando fe

Después, ella habló palabras de fe: «Y es que decía: Si alcanzo a tocar aunque sea su manto, me sanaré» (Marcos 5:28).

Esta mujer confesó palabras de fe. Tu fe no obrará, sin la Palabra de Dios. Por eso, debes mantenerla frente a tus ojos, en tu oídos y en tu corazón de manera constante, de otra forma, no hablarás fe, sino como el mundo habla.

Cada vez que la gripe o el resfriado afecta a una población, las personas dicen: “Voy a contagiarme. Siempre me contagio”. Por el contrario, la fe asegura: “Jesús llevó todas mis enfermedades y dolencias en la Cruz. Por tanto, camino en salud total. ¡Alabado sea Dios!”.

Recibe tu sanidad actuando de acuerdo con ella

Una vez que la mujer con el flujo de sangre escuchó la Palabra y la declaró, ¡actuó! Ella se abrió paso entre la multitud y tocó la ropa de Jesús (versículo 27). Ella actuó como si lo que creía y decía fuera la verdad. Es decir, actuó de acuerdo con su fe.

A menudo, Gloria Copeland anima a las personas a actuar de esta manera, durante sus escuelas de sanidad. Después de que las personas han escuchado la Palabra y recibido la oración, ella les dice: «Comiencen a hacer lo que antes no podían: Si no podían agacharse, entonces háganlo. Si no podían levantar sus brazos, levántenlos. Si no pueden caminar, caminen en el nombre de Jesús».

Es sorprendente lo que pasa, cuando las personas obedecen esas instrucciones. Pues, ¡la sanidad se manifiesta, siempre!

Recibe tu sanidad ¡proclamando a gran voz que la recibes!

La mujer de la que se habla en Marcos 5, alcanzó en fe y recibió de Jesús la sanidad que ella necesitaba. Esa fe y determinación hizo que su toque fuera diferente al de los demás, y recibió su sanidad (versículo 30-34).

Una cosa era alcanzar al Señor con la esperanza de recibir sanidad, y otra muy diferente es tomar por fe, ¡la sanidad que él ya nos ha provisto!

No esperes un minuto más. Declara: ¡Tomo ahora mi sanidad!

El ejemplo de esta mujer sigue siendo una realidad hoy. No sólo te quedes sentado por ahí diciendo: “Estoy cansado de esperar mi sanidad. Quizá un día Dios me la dé”. No, activa estos principios, y pronto tendrás ¡tu propio testimonio de sanidad que podrás compartir!