Pregunta del día

marzo 11

¿Puedo tomar Santa Cena fuera de la iglesia?

Por supuesto que sí.

La Santa Cena es esencial en la vida cristiana. Como creyente, tienes el mismo derecho de servir la Santa Cena, que cualquier ministro ordenado. En Apocalipsis 1:6, dice que como creyentes, fuimos hechos sacerdotes con Dios. Eso te da el derecho de servir la Santa Cena; y 1 Corintios 11:23-34, nos da el ejemplo de cómo hacerlo.

La Santa Cena simboliza la sangre y el cuerpo de Jesucristo. Jesús les pidió a Sus seguidores que tomaran la Santa Cena en memoria de Él (1 Corintios 11:24). Cuando tomamos la Santa Cena, recordamos la obra salvadora que Jesús hizo por nosotros en la Cruz. Nos recordamos que Su cuerpo fue quebrantado, golpeado y herido para que recibiéramos una completa sanidad. Y recordamos que Su sangre fue derramada por nuestros pecados.

La Santa Cena es un recordatorio real de la obra completa de Cristo en la Cruz. Mientras tomamos la Santa Cena podemos regocijarnos, pues sabemos que hemos sido liberados de la maldición de la ley, y ya no somos esclavos de la pobreza, de la enfermedad o de la muerte (espiritual).

Si tú sabes que el deseo de Dios es que tomes la Santa Cena, entonces no pierdas esa oportunidad sólo por el hecho de no tener los elementos especiales a tu alcance. No importa si usas pan y jugo de uva; o una galleta y agua; eso es secundario para lo que en realidad significa: recibir la Santa Cena con un corazón puro delante del Señor.

Para saber cuántas veces se debe tomar la Santa Cena, leamos 1 Corintios 11:26: «Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (RV95). Esto enfatiza que la Santa Cena del Señor puede tomarse con frecuencia. No existe una restricción en las Escrituras de cuántas veces o con qué frecuencia debes tomarla.

Tomar la Santa Cena con frecuencia es una disciplina dinámica que podemos implementar en nuestra vida. Pues ella nos recuerda el pacto eterno que Jesús pagó por nosotros con Su sangre y Su cuerpo quebrantado. Cuando tomemos la decisión de aprovechar este precioso regalo, ¡comenzaremos a disfrutar en la plenitud que Dios desea que vivamos!