Pregunta del día

diciembre 13

¿Cómo le presento mi diezmo a Jesús?

Cuando hablamos de presentar tu diezmo a Jesús, tu boca es tan importante como lo son tus manos. Bajo el Antiguo Pacto, el pueblo debía presentarle su diezmo —las primicias de todos sus frutos— al sacerdote, haciendo la siguiente declaración: «… “Con esta ofrenda reconozco ante el SEÑOR su Dios que he entrado en la tierra que él juró a nuestros antepasados que nos daría”» (Deuteronomio 26:3. NTV). Luego, el sacerdote ponía el diezmo en una canasta y lo presentaba en el altar ante Dios, mientras que el pueblo declaraba en voz alta su redención ante el Señor (versículos 5-10, 13-15).

Hoy en día, Jesús recibe nuestros diezmos mientras se los presentamos regocijándonos por nuestra liberación de las tinieblas, y por nuestra entrada a Su reino (Hebreos 7). Él recibe nuestros diezmos, se los presenta al Padre y Él los bendice (lee Hebreos 7). Recuerda, el dinero es el diezmo, pero diezmar es algo que se lleva a cabo con la boca.

El lugar a donde llevamos el diezmo, de acuerdo con  Malaquías 3:10, debe ser al alfolí, o el lugar en donde recibimos la comida espiritual —donde trabaja el pastor, el evangelista, el apóstol, o donde esté ubicado algún ministerio—.

A continuación, te sugiero esta confesión, la cual es una adaptación de Deuteronomio 26 y Malaquías 3:

En este día te confieso, Señor mi Dios, que he entrado a formar parte de la herencia que Tú prometiste darme. Yo era un pecador atado a la esclavitud y a las tinieblas por Satanás. Pero clamé en el nombre de Jesús y me escuchaste, me libraste del poder y de la autoridad de las tinieblas. Tú me libraste de la aflicción y de la opresión. Me tomaste y me perdonaste, trasladándome al reino de Tu amado Hijo. Me hiciste Tuyo a través del derramamiento de la sangre de Jesús, y me diste autoridad sobre el maligno.

Jesús, como mi Señor y Sumo Sacerdote, te presento los frutos de mi tierra (ingresos), los cuales Tú me has dado. Te pido que se los presentes al Padre, y que lo alabes con ellos. Me regocijo por todo lo bueno que me has dado a mí y a mi casa. Escuché la voz del Señor mi Dios, y llevé a cabo todo, de acuerdo con todo lo que me has encomendado

Ahora mírame desde el cielo, soy Tu habitación santa, y bendíceme, como Tu hijo y Tu siervo, conforme a Tus riquezas en gloria. Bendice mi tierra (mi trabajo) como lo prometiste en Tu Palabra. 

¡Declaro que la bendición se está derramando y no hay suficiente lugar para recibirla! Dios, has reprendido al devorador por amor a mí. El trabajo de mis manos no será destruido y tampoco desaparecerá. Hoy, estoy experimentando la prosperidad sobrenatural de Dios, y vivo en ella por fe. Te alabo Señor, y declaro que ya está hecho, en el nombre de Jesús.