octubre 18, 2017

Tradición, Tradición… y más Tradición – La verdad acerca del “Aguijón de Pablo”

Una tradición que ha sido enseñada por largo tiempo es la que se refiere al “aguijón en la carne de Pablo” y la encontramos en 2ª Corintios 12. Pareciera que todos han oído acerca de ella. La tradición enseña que el aguijón en la carne de Pablo era una enfermedad o dolencia, pero la Palabra claramente afirma que el aguijón era un mensajero de Satanás. En el Nuevo Testamento, este término griego se traduce siete veces como mensajero, y 181 veces como ángel.

Todas las 188 veces que aparece esta palabra hace referencia a un personaje —no a algo como la enfermedad o la dolencia—. La enfermedad no es un mensajero, y tampoco es una persona. Satanás envió un ángel o un mensajero para abofetear a Pablo. La palabra abofetear significa: “dar golpes repetidos, una y otra vez”. La traducción de Weymouth indica: “Con respecto a esto, tres veces le he rogado al Padre que el se aleje de mi” (2 Corintios 12:8). La versión Reina Valera Antigua, dice: «Por lo cual tres veces he rogado al Señor, que se quite de mí». El aguijón en la carne no era una enfermedad, como la tradición enseña, sino un mensajero de Satanás según enseña la Biblia. Dios no usa el servicio de mensajeros de Satanás. Él no le dio a Pablo este aguijón en la carne. Fue Satanás quien se lo envió para impedir que la Palabra de Dios fuera predicada.

La expresión aguijón en la carne o aguijón en el costado siempre se ha usado como una ilustración en la Biblia. Por ejemplo: el Señor le dijo a Moisés que si los israelitas no echaban fuera a los moradores de la tierra de Canaán, aquellos habitantes serían como aguijones en sus ojos y espinas en sus costados (Números 33:55). Los cananeos no se iban a pegar literalmente a los costados de los israelitas. Es sólo una metáfora. Hoy en día, todavía utilizamos el término aguijón en la carne. Tu vecino podría ser un aguijón en el costado. Igualmente podríamos decirlo así: “Ese vecino es un dolor de cabeza.” La tradición dice que este aguijón en la carne era una enfermedad en el cuerpo de Pablo, pero en 2ª Corintios 12:7 se refiere al mismo tipo de ilustración. La Biblia Weymouth traduce este versículo como: “Se me fue dado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás para torturarme”. Este espíritu maligno le fue asignado a Pablo para detener la Palabra. Jesús dijo en Marcos 4 que el diablo viene inmediatamente a robar la Palabra. Pablo tuvo que hacerle frente a este espíritu por dondequiera que fuera.

Cuando Pablo le pidió a Dios que lo ayudara con respecto a este mensajero de Satanás, el Señor le respondió: «Con mi gracia tienes más que suficiente…» (2ª Corintios 12:9). La tradición interpreta esto como si Pablo le hubiera pedido al Señor que lo librara, y el Señor le hubiera respondido que no lo ayudaría. Y por eso, Pablo tuvo que soportar el aguijón para siempre. En realidad, lo que la Biblia dice es lo siguiente: pero él me ha dicho: «Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad…». En otras palabras, Dios le dijo: “Mi favor es suficiente. Tú tienes autoridad. Tienes el nombre de Jesús y cuando eres humanamente débil, Mi fuerza o Mi poder se perfeccionan.

Podemos ver un excelente ejemplo de esto en Hechos 14 cuando Pablo fue apedreado. Él estaba muerto; sin embargo, los discípulos se reunieron alrededor de él, oraron y el Señor lo resucitó. Era humanamente imposible que Pablo pudiera hacer algo. En su propia fuerza no tenia la habilidad de sobreponerse; pero cuando estaba humanamente débil, el poder de Dios era fuerte.

En 2ª Corintios 12:10, Pablo escribió: «Por eso, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias…» Examinemos estas palabras. Debilidad significa: “tener necesidad de fuerza, fragilidad, incapacidad para producir resultados”. No quiere decir enfermedad; significa lo que el Señor dice: Cuando tu fuerza se acaba, Mi poder se perfecciona. Las otras palabras que se mencionan aquí —afrentas, necesidades, persecuciones y angustias— son las bofetadas que Pablo lista en 2ª  Corintios 11. Él fue encarcelado, apedreado, azotado, sufrió naufragios, y hasta fue atacado por multitudes enardecidas. La enfermedad no se menciona.

Hemos oído mucho acerca de pruebas y tribulaciones que vinieron sobre Pablo, pero la tradición olvida mencionar que el ángel de Satanás no pudo ganar la victoria sobre él mediante circunstancias adversas. Pablo vivió hasta llegar a ser un hombre de edad avanzada. Cuando era su momento de partir, él dijo que no sabía si quería quedarse o irse (Filipenses 1:20-26). Pablo no se fue a su morada celestial con el Señor, hasta que él y el Señor estuvieron satisfechos. Él fue un cristiano victorioso. Escribió la mayor parte del Nuevo Testamento y viajó por todo el mundo conocido. El mensajero de Satanás no pudo impedir que proclamara la Palabra de Dios.

El testimonio final de Pablo fue éste: «Yo estoy ya a punto de ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:6-7). Ésa no es la descripción de un hombre que se encontraba enfermo o débil. ¡Gloria a Dios!

Pablo fue un hombre victorioso. Él dijo: “Persecuciones, padecimientos, como los que me ocurrieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que soporté, pero de todo esto el Señor me libró” (2 Timoteo 3:11, AMP). ¡La tradición olvida decirnos eso! Pablo enfrentó pruebas y tribulaciones; sin embargo, ¡el Señor lo libró de todas ellas! El aguijón en la carne, del cual hemos oído tanto, no pudo vencer a Pablo, ni a la Palabra de Dios. El mensajero de Satanás sólo logró exasperar y hostigar a Pablo. No pudo impedir que él proclamara la Palabra. ¡Hay una gran diferencia entre ser exasperado y ser derrotado! En cada situación que Pablo enfrentó, incluso la muerte al ser apedreado, el poder de Dios se hizo fuerte y lo libró. Esta es la enseñanza que la Iglesia necesita escuchar: cuando la fuerza humana se agota, ¡el poder de Dios se engrandece!

Podemos ver cuán impotentes hemos sido por las tradiciones que fueron sembradas en nuestros corazones y nuestras mentes en lugar de la Palabra de Dios. No puedes permanecer en fe contra la enfermedad y la dolencia cuando lo que has aprendido es que la enfermedad es la voluntad de Dios para tu vida. ¿Cómo puedes permanecer en fe por tu sanidad, cuando piensas que Dios te ha enfermado con cáncer para darte una lección? Esta tradición ¡es una abominación a la naturaleza de Dios! Dios te quiere sano. Y a pesar de lo que dice la tradición, ¡esa es la verdad!