Sanidad

Ya oré por mi sanidad, pero ¿por qué demora tanto?

A medida que pones a trabajar la prescripción de Dios para tu sanidad en tu vida―depositando la Palabra en tu corazón, confesándola con tu boca y recibiéndola como la absoluta verdad―no te desanimes si no ves resultados inmediatos. Aunque muchas veces, la sanidad se presenta de forma instantánea, también hay ocasiones en que se presenta de manera gradual.

No permitas que los persistentes síntomas te hagan dudar. Después de todo, cuando acudes al médico, no siempre te sientes mejor inmediatamente. Los medicamentos que se te han recetado, a menudo tardan un poco para hacer efecto. Sin embargo, ¡no permites que la demora te desanime! Tú sigues las indicaciones del médico y esperas sentirte mejor pronto. Deposita esa misma clase de confianza en la medicina de Dios.

Observa que en el momento en que comienzas a tomarla, inicia el proceso de sanidad. Mantén altas tus expectativas y prepara tu mente para continuar creyendo lo que la Palabra dice acerca de tu sanidad, hasta que puedas ver y sentir todos los efectos físicos del poder sanador de Dios.

Si tu condición es seria, quizá también debas resistir la tentación de preocuparte. Satanás intentará usar la ansiedad sobre tu situación para ahogar la Palabra en tu corazón y que no pueda dar fruto (Marcos 4:19), pero no permitas que lo logre. Sólo confía en Dios: «Descarguen en él todas sus angustias, porque él tiene cuidado de ustedes» (1 Pedro 5:7). Sobre todo, mantén tu atención en la Palabra de Dios y no en los síntomas persistentes. Y en vez de enfocarte en tus circunstancias, enfócate en lo que Dios ha dicho. ¡Visualízate sano, en bienestar y pleno todos los días!