Tome su sanidad, ¡por fe!

Tome su sanidad, ¡por fe!

by Gloria Copeland

¡Tómela!

Esto es exactamente lo que necesita realizar si desea obtener sanidad.

De hecho, en cada área de la vida, la clave para la victoria se resume en una sola frase: Confíe en la Palabra de Dios. Sus declaraciones —lo escrito en Su Palabra— es la verdad absoluta, y obrará si nos aferramos por completo a ésta.

La sanidad no es un problema para el Señor. La única parte difícil es lograr que las personas crean lo que Él ha declarado, a fin de que puedan recibir su sanidad.

Dios nos presenta la oportunidad de escoger. Él lo indicó de esta manera: «…he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia» (Deuteronomio 30:19). Es preciso que decidamos tomar lo que Dios nos ha ofrecido. Y debemos llevarlo a cabo como lo establece Mateo 11:12: arrebatándolo.

Si usted necesita sanidad, no puede sentarse sin hacer nada, y esperar que Dios la manifieste sobre usted. Tiene que esforzarse, a fin de que pueda incrementar su fe y tomar lo que por derecho ¡le pertenece!

Tomar algo requiere que usted active su fe. Tener fe en Dios y en Su Palabra es la respuesta definitiva a cada problema, a pesar de lo que otros puedan declarar. Las personas siempre cuentan con un consejo bien intencionado. Estoy seguro, que usted ya lo había descubierto, en especial si usted está creyendo en Dios por sanidad. Es muy probable que se haya percatado que la mayoría de consejos no son productivos. Por experiencia lo sé; sin embargo, la verdadera solución la encontramos en un lugar: la Palabra.

Ésta posee el poder en sí misma de lograr que se cumpla todo lo establecido en ella. Además, nos enseña a pensar a la manera de Dios, la cual es más alta, mejor y más sabia (Isaías 55:8-11). Todo esto es posible cuando Su Palabra —es decir, Su manera de pensar—, desplaza cualquier otro pensamiento e idea. Entonces puede orar en fe, y recibir lo que necesita.

 

La fe cree, y ¡lo toma!

Jesús declaró: «Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» (Marcos 11:24). El término recibir  es un verbo de acción y significa: tomar. Entonces podríamos decir: “…todo lo que pida orando, crea que lo toma. ¡Ésa es una breve lección acerca de la fe! La fe cree que toma lo que necesita al momento de orar. Esto es exactamente lo que tenemos que  hacer cuando oramos por sanidad. Debemos tomar la sanidad, así como un perro agarra su hueso, al cual sujeta con fuerza y ¡se rehúsa a soltarlo!

Usted en realidad no ha orado en fe si sólo ora por su petición, pero no la toma. Si después de orar declara: “No estoy sano. Sigo enfermo, y continúo sintiéndome mal”. Entonces no la tomó…. Por tanto, no la recibió.

Las circunstancias no determinan si ha obtenido o no su sanidad. En 2 Corintios 4:18, se nos explica: «no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».

En su momento de oración, visualícese recibiendo su sanidad y en perfecta salud. Obténgala    —por fe—, y aférrese a ésta. Cuando usted se apodera de ésta, la adquiere. Y si la obtiene lo confiesa.  Llame a «… las cosas que no son, como si fuesen» (Romanos 4:17).

Para llegar a ese punto, lea las escrituras de sanidad en voz alta y reciba (tome) cada promesa. Lea la Palabra con sus ojos, y escúchela con sus oídos mientras la confiesa con su boca. Descanse con la plena seguridad de que ésta se depositará en su corazón y podrá liberar su fe. Entonces confesará: Gracias Dios, creo que soy sano y ¡lo tomo!

 

¡Sea agresivo!

Hace años, mi amiga Dodie Osteen tuvo que tomar su sanidad con esa actitud. A ella se le había diagnosticado un cáncer maligno en el hígado. Los doctores no le dieron esperanza alguna, entonces Dodie regresó a su hogar. No obstante, ella y su esposo tomaron ¡acciones contundentes!  Ellos permanecieron en acuerdo con respecto a las promesas en la Palabra; y las confesaron sobre el cuerpo de ella. Fueron agresivos.

Dodie tomó fielmente los versículos de sanidad todos los días como medicina. Ella peleó la buena batalla de la fe al usar la espada de la Palabra, a fin de resistir el miedo y todas las mentiras del enemigo (Efesios 6:17; Santiago 4:7). Esta batalla le tomó tiempo, pero Dodie se sanó por completo del cáncer; y así ha vivido desde entonces. De hecho, ella ha permanecido libre del cáncer por más de 22 años. Ella afirma que todavía goza de buena salud porque toma de manera constante la medicina de Dios.  

En Proverbios 4:20-22, se nos explica este proceso de sanidad: «Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo» (Nueva Versión Internacional). La palabra hebrea traducida aquí como salud significa: medicina. Los versículos de sanidad son la medicina de Dios para su cuerpo. Por tanto, tome la medicina diaria, sea agresivo en cuanto a esto y tome su sanidad.

Como hijo del Dios viviente, ¡usted es más que vencedor en Cristo (Romanos 8:37)! Si está creyendo por sanidad, puede ¡sacar al diablo de su vida con la Palabra! Si le toma tiempo adquirir por completo su sanidad, no se dé por vencido; determínese a perseverar hasta que ¡gane! Y no sea presa de la autocompasión ni busque que otros le tengan lástima. No la necesita; lo que sí necesita es fe.

 

Realice el trabajo pesado

Analicemos la importante lección que Jesús les enseñó a Sus discípulos acerca de la fe y de cómo recibir de Dios. En Marcos 11 leemos que Él les encomendó:  «…tened fe en Dios…» (versículo 22). A modo de explicación, en el margen de mi Biblia está escrito: «tengan la fe de Dios». Cuando nacimos de nuevo se nos impartió fe: «…la medida de fe….» (Romanos 12:3). En ese momento, Dios nos da la misma clase de fe que Él posee. Sin embargo, es nuestra responsabilidad alimentarla y lograr que ésta crezca.

La fe, para obtener la sanidad, surge mientras meditamos en lo que la Palabra declara acerca de ésta. Cuando leemos las escrituras de sanidad, edificamos nuestra fe para obtener la sanidad. Un culturista levanta pesas de forma constante para desarrollar sus músculos. Él se hace más fuerte, día tras día, mientras trabaja en ello. Edificamos nuestra fe de la misma manera: Ejercitamos los versículos una y otra vez hasta que llegamos a ser lo suficientemente fuertes en fe, a fin de tomar nuestra sanidad del reino espiritual y traerla al reino natural. En Hebreos 11:1, se indica de esta manera: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Jesús le aseguró varias personas que a causa de su fe fueron sanas (Mateo 9:22; Marcos 10:52; y Lucas 17:19. Todas estas citas fueron tomadas de la Nueva Versión Internacional). Y la fe obra para usted así como por quienes se mencionan en la Biblia.

Donde hay fe, ahí se encuentra Dios. La fe provoca que el poder sobrenatural del Señor se manifieste, y le hace caso omiso a las circunstancias y a la enfermedad natural.

 

La Palabra de fe

Estoy segura que se dio cuenta que la fe para recibir sanidad no proviene al leer revistas seculares o historietas. Para edificarla, debe leer la Biblia y creer que Dios le habla por medio de ésta. En Romanos 10:17, se nos explica: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Busque los pasajes bíblicos que se aplican a su situación, aférrese a esas promesas, y actúe conforme a éstas. Esa verdad cambió mi vida: saber que la Biblia es la Palabra de Dios para mí, y que puedo tomarla y lograr resultados en mi vida  ( Juan 17:17).

En la Biblia encontramos qué piensa Dios acerca de las situaciones de la vida. Los escritores de esos tiempos, ungidos por el Espíritu Santo, plasmaron lo que fluía del corazón de Dios. En lo que respecta a la sanidad, escribieron: «…y por cuya herida fuisteis sanados» (1 Pedro 2:24).

El espíritu de un creyente nacido de nuevo es perceptivo a la Palabra. Ésta se introduce en nuestro interior cuando, de manera constante, la colocamos delante de nuestros ojos y oídos. Desde allí, Sus palabras vivificantes se implantan en nuestro corazón; es decir, nuestro espíritu, y benefician nuestro cuerpo por completo.

Entonces si necesita sanidad, aliméntese con versículos referentes a la sanidad todos los días. Su fe se incrementa de acuerdo al tiempo que invierte en la Palabra. Cuando ésta se sumerja en su corazón y fluya de su boca en fe ¡la sanidad se manifestará!

Jesús declaró en Mateo 12:34: “…porque de la abundancia (llenura y sobreabundancia) del corazón habla boca” [Traducción libre de The Amplified Bible]. Lo que de continuo confiesa con sus labios es lo que disfruta o contra lo que lucha hoy en su vida. Sus palabras le abren o le cierran la puerta al poder de Dios para que éste obre en su situación; lo mismo sucede con el enemigo. Por tanto, si se sorprende a usted mismo confesando cosas que no desea en su vida; arrepiéntase y cambie sus palabras. Declare sólo lo que anhela que suceda.

 

La Palabra de Dios y sus palabras ¡son poderosas!

Cada palabra que usted expresa es importante. Para obtener fe, a fin de que la sanidad obre en su vida, debe confiar no sólo en la Palabra, sino también en sus propias palabras. En Marcos 11:23 leemos: «Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho».

La fe viene por el oír, y sale al confesar. Ésta se libera por medio de sus palabras.

La fe consiste en creer lo que Dios declara en Su Palabra, a pesar de lo que cualquier persona, circunstancia o el enemigo pueda argumentar. Y la fe confiesa lo que la Palabra expresa. Cuando deposita la Palabra en su corazón, y ésta se manifiesta a través de su voz, se convierte en la Palabra de Dios aplicada al problema. Si mantiene sus palabras en acuerdo con la Biblia, éstas cambiarán sus circunstancias naturales; o como Jesús lo indicó: «…la verdad os hará libres» (Juan 8:32).

Pero si lee la Palabra como un enfoque tradicional, y no cree que las promesas son para su vida, usted mismo se descalifica para gozar de ellas. Se requiere fe —creer en Dios y en Su Palabra— para que ésta transforme su situación.

Reciba la Palabra como verdad. Luego declare: Dios está hablándome. Puedo obtenerla. ¡La tomo!  Eso es fe.

 

Posea la Tierra

Después de que haya recibido la Palabra de sanidad por medio de la fe, comience a realizar lo que antes no podía. En Santiago 1:22, se nos enseña que seamos hacedores de la Palabra, y no sólo oidores.

El pueblo de Israel en el desierto es un buen ejemplo de lo que sucede cuando los oidores, no son hacedores.  A través de Moisés, Dios les indicó que les había otorgado esa tierra. En un momento dado, Moisés básicamente les explicó que el Señor había dicho que ellos habían estado dando vueltas alrededor del mismo monte por mucho tiempo (Deuteronomio 1:6). ¿Se ha sentido alguna vez así? Quizá ahora está dando vueltas alrededor de esa montaña de incredulidad y ¡no hay manera de que avance!

Si es así, usted puede tomar drásticas ¡acciones de fe!

Lo que Dios le expresó al pueblo de Israel también se aplica a  su vida. Él indicó: «Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres… que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos» (versículo 8).

El Señor les había prometido la tierra. No obstante, poseerla no era de forma automática. Él les estaba diciendo: ¡ármense y tómenla! Ésa era la única forma en que ellos iban a obtenerla.

Si necesita sanidad, ésa es la manera de ¡poseerla! ¡En necesario que la tome!

 

¡Tómela a la fuerza!

La sanidad le pertenece tanto a usted como a mí. Dios nos ha otorgado grandes promesas en Su Palabra, incluyendo la sanidad y la plenitud. Él envió a Jesús a morir en la Cruz, a fin de redimirnos del pecado y de la enfermedad. En Gálatas 3:13 leemos: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición…». La maldición incluye toda enfermedad y la muerte (Deuteronomio 28:15-68). El sacrificio de Jesús pagó el precio para que fuéramos redimidos de ésta.

En lo que a Dios concierne, abarca también la sanidad. Ésta todo hecho. Él ya cumplió todo, no hay nada más que Él pueda realizar. La sanidad nos pertenece en Cristo Jesús; sin embargo, no la recibimos de forma automática. Depende de nosotros gozar de ella.

Si necesita sanidad, ¡tómela! Obténgala por medio de su fe y de sus palabras. Crea que la recibe, y no dude.

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