Oraciones contestadas--¡siempre!

Oraciones contestadas--¡siempre!

by Kenneth Copeland

La oración obra.

Sin embargo, para la mayoría de personas la oración es un tipo de experiencia abstracta o sólo una válvula de escape. Ellos no ven sus oraciones contestadas a ningún nivel. Y en realidad, no esperan que éstas reciban su respuesta.

No obstante, esa perspectiva es contraria a la manera en que Jesús vivió en la Tierra, y a la forma que Él les instruyó a Sus seguidores. Pues Él les enseñó a ellos (y a nosotros), a llevar un estilo de vida de fe y oración —y a esperar los resultados—.

Como cristianos, la oración debería ser tan natural y poderosa como lo fue para Jesús cuando le habló a la higuera:

 

Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

—Mateo 21:18-22

 

Cuando Jesús estaba respondiendo las preguntas de los discípulos con respecto a la higuera seca, observe que Él contestó los cuestionamientos de algo literal. No sólo se refería al ámbito  espiritual. Por tanto, háblele al monte, pida en oración y crea que recibirá la respuesta en el reino espiritual, así como en el reino físico.

Por medio de esta ilustración, Jesús nos demuestra y enseña que por medio de nuestra fe, la Palabra y la oración, podemos alinear nuestras circunstancias a la volutand de Dios.

 

Orando con poder

Cada vez que ora, ¿espera obtener resultados… todo el tiempo? Bien, usted debería y puede esperarlos. A continuación le presentamos siete pasos que pueden ayudarle a ver la respuesta de su oración: todo el tiempo.

 

1. Fundamente cada oración en la Palabra

La oración que produce resultados debe fundamentarse en la Palabra de Dios. Entonces comience con la respuesta; es decir, la Palabra. Jesús expresó en Juan 15:7: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho».

Para que la oración produzca fruto, debe ser específico. Esto significa que debe encontrar el versículo que se aplique a su situación, y fundamentar su oración sobre éste. Por ejemplo, si padece de alguna enfermedad, busque el que se refiere a la sanidad. Su oración puede basarse en 1 Pedro 2:24, pues ahí se afirma que por las llagas de Jesús usted ha sido sanado.

Cuando obtiene la Palabra acerca de un asunto en particular, posee el fundamento en el cual puede creerle a Dios. Y al depositarla en su espíritu, ésta alimenta su fe. En Romanos 10:17 se explica así: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios».

 

2. Ejerza su fe

Una vez que descubra la escritura que le revela la voluntad de Dios, con respecto a la situación que afronta; el siguiente paso consiste en: ejercer su fe contra el problema.

Con el fin de lograrlo, confiese lo que usted cree (declárelo de acuerdo con la Palabra). Exprese la Palabra y comience a agradecerle a Dios porque ya posee lo que Él le prometió que obtendría. Actúe como si ya lo hubiera recibido, como si ya estuviera hecho.

En Isaías 43:26, Dios expresa: «Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte». Con el propósito de recordarle al Señor Su Palabra y que Él se manifieste en su situación, confiese: Señor, ahora mismo, creo que recibo lo que Tú has dicho en Tu Palabra. Creo [cite el versículo en el cual se fundamentó]. No lo estoy repitiendo porque lo sienta o vea; sino porque creo en Tu Palabra. Creo que está hecho, ¡en el nombre de Jesús!

Sentir miedo de confesar y actuar como si ya se hubiera cumplido es dudar de la Palabra. Así que ¡aférrese a su confesión (Hebreos 4:11-16)!

 

3. Rechace la duda y el temor

No permita que la duda y el temor entren a su pensamiento. Satanás intenta arrebatarle su fe a través de insinuaciones, sueños y visiones. El enemigo realizará todo lo posible para convencerlo de que las circunstancias no cambiarán. No obstante, ¡recuerde lo que la Palabra declara! Es su responsabilidad creer lo que Dios promete; y también es usted quien debe rechazar la duda y el temor cuando se acerquen a su vida.

En 2 Corintios 10:5, se nos indica que necesitamos: «…derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo». Usted debe controlar su mente, y lo consigue mediante la confesión de la Palabra.

Medite en la respuesta, y no en el problema.

Pero le advierto, algunas personas tratarán de convencerlo para sacarlo de su postura de fe. Sin embargo, puede rechazar cualquier argumento que se levante contra la Palabra. No será difícil resistirlo si realiza lo que Dios le manda en Proverbios 4:20-21: «Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón».

 

 

4. Véase a sí mismo exitoso

Véalo como si ya se hubiera cumplido. En Hebreos 11:1 leemos: «Ahora… la fe es…» (Nueva Versión Internacional). La Palabra declara que usted la tiene: ahora.

Entonces crea la escritura en la que usted se basa, y comience a ver cómo la Palabra se vuelve realidad en su vida.

Tome la Palabra y renueve su mente —cambie su manera de pensar acerca de su situación—. No se conforme a este siglo: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2).

Enfoque su mente en la Palabra, y sea transformado, cambiado. Comience a actuar como si ya hubiera recibido su petición. Eso es actuar en fe; y la fe abre la puerta para que Dios se manifieste en su vida.

¡Prepárese para el éxito! No provea para los deseos de la carne (Romanos 13:14). No le dé lugar al fracaso.

 

5. Testifique lo que usted cree: la Palabra

En Apocalipsis 12:11, se nos enseña: «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…». Usted tiene derecho a todo lo que Jesús compró y pagó a través del sacrificio de la Cruz. Por tanto, testifique ese derecho. ¡Proclámelo!

¡Usted ha sido redimido por medio de la sangre de Jesús!

¡Usted es lo que en la Palabra se afirma que es!

¡Posee lo que en la Palabra se declara que puede obtener!

No obstante, sólo saberlo, no le servirá de nada si no lo cree; si no lo recibe, si no lo aplica en su vida… y si no lo convierte en la palabra su testimonio.

 

6. Ayude a alguien más

En Gálatas 5:6, se nos explica que la fe obra por el amor. Entonces ame a otros. Ayude a otras personas, así como Jesús lo hizo. Ore por ellos, y anímelos. Cuénteles su testimonio —dígales lo que Jesús ha hecho en su vida—.

Cuando usted comienza a compartir de Jesús con otros, sus problemas empezarán a desaparecer.

 

7. Únase a los dadores

En Lucas 6:38 leemos: «Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir».

Este pasaje no se refiere sólo al dinero. Usted puede dar en el área donde tiene necesidad. Ofrende de lo poco que posee, y se le: «…dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando…».

Por ejemplo, si necesita sanidad, ore por alguien más, a fin de que reciba su sanidad. En Santiago 5:16 leemos lo siguiente: «…orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho».

Recuerde que al seguir las instrucciones de Jesús, ver los resultados de su oración puede convertirse en un estilo de vida para usted.  Él indicó: «Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis» (Mateo 21:22).

Observe que Él no dijo que usted recibiría la mitad o tres cuartas partes de la respuesta de sus oraciones, sino que toda, y Él hablaba en serio. 

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