¿Qué es el aguijón en la carne de Pablo?

¿Qué es el aguijón en la carne de Pablo?

La tradición nos ha enseñado que el aguijón de Pablo era un tipo de dolencia o enfermedad. Si le dedica tiempo al estudio de la Palabra, se dará cuenta que eso no es cierto. En 2 Corintios 12:7, Pablo claramente expresó que por las extraordinarias revelaciones que él había recibido se le fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás. La palabra griega traducida como mensajero siempre se refiere a alguien que es enviado, lo cual indica que era una persona.

Este mismo término mensajero se traduce en otra versión del Nuevo Testamento como ángel. Los ángeles, como mensajeros de Dios, son seres creados con personalidades. Los enviados por Satanás estaban en la misma categoría. Ahora bien, la enfermedad no es una persona ni un mensajero.

El aguijón de Pablo era un espíritu malvado o un ángel enviado por Satanás para abofetearlo. Abofetear significa: “pegar repetidamente”. Dios por ningún motivo manda espíritus malignos en contra del Cuerpo de Cristo (lea Santiago 1:13). Él envió al Espíritu Santo  y nos ha dado Su Palabra, la cual es útil para la doctrina, la reprensión, la corrección, y la instrucción en justicia, a fin de disciplinarnos y guiarnos (lea Juan 16:13; 2 Timoteo 3:16-17).

La frase “aguijón en la carne” es una expresión figurativa o una ilustración. Por ejemplo, cuando alguien nos irrita lo llamamos: “un dolor de cabeza”. Asimismo, el aguijón de Pablo era un ángel malvado que le causaba una intensa molestia, pero no era con enfermedad o dolencias. En 2 Corintios 11:24-26, Pablo enumera algunas de esas “molestias”: fue prisionero, apedreado, golpeado, atacado por multitudes enardecidas; y además, naufragó en el mar.

Otros ejemplos de las persecuciones que sufrió Pablo se encuentran en Hechos 13:45, 50; 14:5-7, 19-20. El mensajero de Satanás utilizó a personas como instrumentos de persecución.

El ángel maligno fue asignado con el propósito de impedir que Pablo predicara la Palabra a dondequiera que fuera; éste incitaba a las personas para que actuaran contra el Apóstol. Satanás intentó robar la Palabra que había en Pablo mediante todo ese hostigamiento (Marcos 4:14-20).

El diablo intentará que los creyentes no sean victoriosos por la medida de la Palabra que habita en ellos. Pues a través de esa Palabra que está viva en su corazón, ellos obran firmemente. Por tanto, tendrán que permanecer en fe por cada revelación que reciban.

Muchos han usado Gálatas 4:13 para respaldar la tradicional enseñanza de que el aguijón de Pablo eran enfermedades y dolencias: «Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad en el cuerpo os anuncié el evangelio al principio». La palabra griega para enfermedad significa: “necesidad de fuerza; debilidad, incapacidad de producir resultados”. Esta misma traducción se utiliza en 1 Corintios 2:3: «Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor». Al igual que muchos creyentes, cuando Pablo comenzó a ministrar, sintió que no tenía la capacidad para llevar a cabo la obra que Dios le había designado.

 

Pero en el siguiente versículo se nos explica que él de todos modos era obediente y que el Espíritu Santo marcó la diferencia con la manifestación de Su poder: «Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder» (1 Corintios 2:4). El padecimiento de Pablo o la debilidad de su carne le brindó la oportunidad al Espíritu Santo para realizar una obra poderosa.

Por ese motivo, Pablo pudo declarar: «…Por tanto, de buena gana me gloriaré mas bien en mis debilidades [falta de fortaleza], para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12:9-10). Una vez que aprendamos a depender del poder del Espíritu Santo, nuestras debilidades ya no serán un problema.

Dios le reveló a Pablo la autoridad  del creyente. El Apóstol tenía autoridad sobre Satanás en el nombre de Jesús —al igual que usted—. Sin embargo, en lugar de ejercer su autoridad ordenándole directamente al espíritu maligno que desistiera de sus maniobras en su contra; Pablo buscó recibir su liberación de parte del Señor: «Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí» (2 Corintios 12:8).

Si desea resultados, no le pida a Dios que enfrente al diablo por usted. Pues de la misma manera en que el Señor sólo instruyó a Moisés para que sacara a los moradores del país (Números 33:52), Él también le ordena a usted que saque a los demonios  y espíritus malignos (Marcos 16:17). «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Santiago 4:7).

Cuando Pablo le pidió al Señor que apartara de él a este mensajero de Satanás, Él le respondió: «…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…» (2 Corintios 12:9). Él no contestó que el mensajero no se iría, sino que Su favor era suficiente, de modo que si sentía que humanamente ya no tenía fuerzas, Pablo tenía el nombre de Jesús para detener los ataques de Satanás y expulsarlo.

La Palabra griega dunamis que se traduce como fuerza en este versículo, también puede ser traducida como poder. Las palabras dinamita y dínamo provienen de ese término griego. Es la misma palabra que Jesús usó en Hechos 1:8: «Pero recibiréis poder [dunamis], cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…».  En 2 Corintios 12:9 leemos: «…Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad…» (Nueva Versión Internacional).

Todo esto es opuesto a la enseñanza tradicional, la cual afirma que Pablo no  obtuvo la victoria sobre el aguijón en la carne.

Pablo vivió hasta ser un hombre de edad avanzada, y luego expresó que no podía decidir si quedarse o irse con el Señor (Filipenses 1:22-24). Era importante que él se quedara por el bien de la Iglesia; sin embargo, anhelaba irse para estar con Jesús. El Apóstol dejó este mundo hasta que él y el Señor estuvieron preparados. Ésa no es la descripción de una persona que vivió con enfermedad y dolencias.

El ángel enviado por Satanás, el aguijón en la carne, no logró vencer a Pablo por medio de las circunstancias adversas, pues el poder de Cristo estaba sobre él. En Filipenses 4:12-13, él expresó: “He aprendido en cualquier y toda circunstancia el secreto para enfrentar cada situación…” [Traducción libre de The Amplified Bible]. En el siguiente versículo reveló este secreto: “Tengo la fuerza para realizar todo en Cristo que me fortalece, [estoy listo para todo y para enfrentar cualquier cosa por medio de Él, quien me infunde la fuerza interior]” [Traducción libre de The Amplified Bible].

Cuando Pablo era débil, en Cristo se hacía fuerte. El ángel de Satanás, el aguijón en la carne del que hemos oído tanto, nunca pudo vencer a Pablo ni al poder de Dios. El diablo sólo logró exasperar y hostigar al Apóstol como una espina en la carne, una incomodidad temporal que pudo ser removida. Pablo fue un hombre de pacto, él corrió la carrera y la ganó. Él conocía su autoridad como creyente; y además sabía que el escudo de la fe podía apagar todos los dardos encendidos del maligno (Efesios 6:16). Cuando él comenzó a usar su fe, el Señor pudo librarlo de todas las aflicciones y persecuciones (2 Timoteo 3:10-11).

El aguijón  en la carne de Pablo es una  tradición que Satanás ha utilizado para engañar y robarle a muchas personas. Usándola como excusa, la tradición afirma que Dios se gloría en las enfermedades para que el mundo pueda ver la forma tan maravillosa de cómo los cristianos resisten el dolor y la agonía. La tradición nunca brinda la respuesta correcta. Cualquiera sabe que el mundo ya tiene suficiente dolor y agonía, y lo que necesita es una salida de la enfermedad, no otra forma de vivirla.

Si permitimos que las tradiciones de los seres humanos usurpen la autoridad de la Palabra de Dios, nos encontraremos indefensos para enfrentar la enfermedad. Dios no podrá defendernos porque  habremos invalidado la Palabra sobre nuestra vida (Mateo 15:6).

Utilice la siguiente confesión para declarar su libertad sobre las inútiles tradiciones religiosas, a fin de que pueda caminar en el poder de la Palabra de Dios:

Señor, Tu Palabra es verdadera, es una semilla incorruptible que deposito en mi corazón. Creo que ésta ha sido sembrada en buena tierra y que recibo una poderosa  cosecha.

No acepto las inútiles tradiciones religiosas del mundo, las cuales anulan la Palabra; y arranco de raíz toda doctrina perversa. Resisto el poder de las tinieblas que viene a robar la Palabra de Dios.

Las Escrituras revelan Tu voluntad y me pongo de acuerdo con ellas. Renuevo mi mente a diario con Tu Palabra, a fin de entablar una relación más íntima contigo y así conocer Tus caminos. Mientras Tu Palabra se establece en mi corazón, yo me arraigo y me cimiento en la  verdad. En el nombre de Jesús, amén.

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