Crezcamos de Fe en Fe — Devocional Diario

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1 de Septiembre de 2014

La perseverancia da resultados

Kenneth Copeland

— Lucas 11:8

Si en 1 Timoteo 2:4 dice que la voluntad de Dios es que todos los hombres sean salvos, entonces ¿por qué no vemos a las multitudes perdidas nacer de nuevo todos los días? ¿Ha pensado usted en eso?

Yo sí, y al inquirir del Señor sobre este asunto me he dado cuenta de que en la mayoría de los casos se debe a que los que ya somos salvos no somos constantes cuando se trata de orar por los que no son salvos. En vez de perseverar en oración ante el Padre, intercediendo por ellos para que reciban el pan de la salvación, como lo hizo el hombre por su amigo en Lucas 11:8, nos damos por vencidos porque no vemos resultados inmediatos. No hemos llegado a entender que la perseverancia es la clave del éxito en la intercesión.

¿Por qué? Ciertamente no es porque tengamos que convencer a Dios de que cambie de opinión. Él nunca cambia, y ya ha tomado una decisión: que todos los hombres sean salvos. La razón por la cual tenemos que perseverar en la intercesión es para poner presión en las fuerzas demoníacas que tratan de impedir que la voluntad de Dios se cumpla. Esas fuerzas deben ser anuladas mediante la oración para así poder derribar las fortalezas y quitar las vendas espirituales de los ojos de la gente por la cual estamos orando.

Dios no hará nada en contra de la voluntad de las personas, pero sí intervendrá en respuesta a la intercesión que hagamos para darse a conocer a ellos. En respuesta a nuestras constantes oraciones Dios les mostrará la necesidad que tienen de Él, entonces, le buscarán, y el renacimiento espiritual se hará una realidad.

Si usted está cruzado de brazos esperando que Dios salve a la tía María o al tío Jaime o a su mejor amigo, deje de esperar con los brazos cruzados y empiece a interceder por ellos. Persevere en la oración. Haga la oración de Efesios 1:16-23 por ellos y no se dé por vencido hasta que estén salvos en el reino de Dios. Jesús entregó su vida para que ellos puedan ser salvos. La pregunta es, ¿lo hará usted?

Lectura Bíblica: Lucas 11:1-10

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