Crezcamos de Fe en Fe — Devocional Diario

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30 de Septiembre de 2014

La compasión en acción

Kenneth Copeland

— Mateo 9:36

La compasión: eso es lo que la gente necesita más que cualquier otra cosa en este mundo. Necesitan que alguien llegue a ellos con la compasión de Dios.

La compasión es un anhelo profundo que responde a las necesidades de las personas. Es mucho más profundo que la lástima. La lástima no hace nada, sólo siente pena por las personas, pero la compasión tiene que hacer algo por ellas.

La compasión es lo que mueve a Dios, y la vida de Jesús en la tierra fue un ejemplo vivo de esa compasión en acción. La compasión fue el móvil de todo el ministerio de Jesús. Lo movió a multiplicar los panes y los peces, a sanar a los enfermos, a echar fuera a los demonios, a resucitar a los muertos y hasta morir en la cruz. Es esa misma compasión que Él desea manifestar por medio de usted. Es algo asombroso, ¿no es cierto?

Es asombroso darnos cuenta de que somos el único cuerpo que Jesús tiene ahora en la tierra. Su sanidad tiene que fluir por medio de nuestras manos y nuestra fe. Su compasión debe movernos para dar al hambriento, echar fuera demonios y poner en libertad a los cautivos.

"Pero, hermano Copeland, yo no tengo esa clase de compasión".

Sí, la tiene. Si el Espíritu de Dios mora en su vida, usted la tiene, porque Él es esa clase de amor. Lo único que necesita hacer es ponerla en acción.

¿Cómo? Así como lo hizo Jesús cuando estuvo en el mundo: por medio de la oración y la comunión con el Padre. Mire en los Evangelios y note cuánto tiempo Jesús pasó a solas con el Padre. Ese tiempo puso en acción la compasión de Dios dentro de El, hizo que sintiera lo que Dios siente por el sufrimiento de la humanidad y lo conmovió tanto que siempre que se topaba con una necesidad la satisfacía por el poder de Dios.

Siga el ejemplo de Cristo. Dedique tiempo a la comunión con el Padre. Medite en la compasión de Dios hasta que se levante con intensidad en su interior. Estimúlela hasta que el deseo de ver a otros libres llegue a ser primordial en su pensamiento.

Jesús lo ha enviado con la compasión de Dios para que alcance y ministre a un mundo sediento de amor. Si usted no lo hace, ¿quién lo hará?

Lectura Bíblica: Marcos 6:32-46

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