Oración por avivamiento

Olas de avivamiento arrasaron al mundo en el siglo veinte. Hoy en día, las cinco iglesias más grandes del mundo están llenas del Espíritu y crecen a diario. La Iglesia Pentecostal está creciendo en gran magnitud mientras que el avivamiento mundial trae la vida de Dios a la Iglesia y a toda la humanidad.

La palabra hebrea para avivar es chaya que significa: “vivir, tener vida, mantenerse vivo, sustentar, nutrir y preservar la vida, vivir próspero, vivir para siempre, ser avivado, estar vivo, ser restaurado a la vida y a la salud”. Según esta definición, el avivamiento no es algo que sólo sucede una vez en la vida, el avivamiento es un continuo ciclo de sustento, preservación, vivificación y restauración a la vida.

 El avivamiento empieza cuando la gente se vuelve a Dios. Surge de la oración intercesora, y continúa porque las personas se arrepienten y no toleran más el pecado en sus vidas.

Después que Jesús ascendió al cielo, los discípulos regresaron al Aposento Alto y continuaron orando a diario, en un mismo sentir, en un mismo lugar. Entonces, en el tiempo señalado, el Espíritu Santo irrumpió en aquel lugar como el sonido de un viento fuerte. Pedro y los otros recibieron la promesa tan esperada de Dios, la cual era la unción del Espíritu Santo. En  Hechos 2:17-19 se repite la profecía de Joel: «En los postreros días —dice Dios—, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne… sobre mis siervos y sobre mis siervas, en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán… Y daré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra…» (Reina Valera 95).

Cuando ellos salieron del Aposento Alto hacia las calles, las personas de todas partes del mundo vieron y oyeron algo diferente. El gran sermón que Pedro predicó bajo la unción del Señor trajo entendimiento, convicción de pecado y la vida de Dios a quienes  escucharon y respondieron en fe. La oración, el mensaje ungido de la Palabra y la presencia sobrenatural del Señor ––todos trabajando en unidad–– trajeron un avivamiento: es el poder de Dios que da vida.

¡Qué tiempo tan especial en el que vivimos! Es posible que la destrucción y la desesperación se encuentren por un lado, pero el avivamiento y los milagros están por el otro. El avivamiento es espontáneo y continuo. Se suscita cuando el Espíritu de Dios se mueve en medio de la gente. Dios jamás quiso que el avivamiento pentecostal se detuviera. Por esa razón, es importante estar listo  y disponible cuando Dios se mueve y derrama de Su Espíritu.

Él puede ministrar vida en cualquier momento, a una persona o a una multitud, a alguien en el desierto o a mucho en una gran ciudad.

          El avivamiento sucede dondequiera que la Palabra prevalezca. Milagros, señales y maravillas ocurren donde la Palabra impere. Los corazones y las vidas cambian dondequiera que ésta se encuentre. Y por ese motivo, en la Biblia se enseña que Dios obra y confirma Su Palabra con las  señales  que le siguen (Marcos 16:20). Busque en las Escrituras y encontrará la vida que trae el avivamiento. Si la gente ora y escudriña la Palabra, la cual es vida para ellos, el avivamiento vendrá y permanecerá; por tanto, se convertirá en una manera continua de vivir.

Mientras se dispone a estar de acuerdo con la voluntad de Dios  con respecto al avivamiento, realice la siguiente oración, o una similar, con la expectativa de que el Señor se manifieste:

       Padre Dios, Tú deseas que haya avivamiento, pues cuidas de Tus hijos y anhelas que toda la humanidad goce de vida. Éste trae vida y sustento, preservación  y restauración. Gracias por enviar a Jesús para darnos Tu vida abundante.

Señor, empieza el avivamiento primero en mí. Soy Tu siervo y estoy dispuesto a recibir ese avivamiento. Me alimento de las Escrituras como una oveja se alimenta de pastos verdes, pues Tus palabras son vida para mí.

      Espíritu Santo de Dios, Tú resucitaste a Jesús de entre los muertos y habitas en mi interior.

Por tanto, me rindo a Ti para que fortalezcas mi espíritu, restaures mi alma y rejuvenezcas mi cuerpo mortal. Renuevo mi mente con Tu Palabra. Lo más profundo de mi ser es una fuente de agua viva y ¡he vuelto a vivir!

       El avivamiento no sólo es vida para mí, sino que también para todo aquel que invoca el nombre del SEÑOR. Por esa razón, intercedo a favor de todas las personas. Clamo a Ti como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Clamo al nombre poderoso de Jesús. ¡Toda la humanidad necesita vida, Señor! Todos necesitan un avivamiento porque es  vida —Tu vida––. Hablo y siembro semillas de avivamiento dondequiera que voy. Envío ángeles para recoger la cosecha de avivamiento por todo el mundo. Pongo mi mano en la hoz para segar la rica cosecha de avivamiento en mi hogar, en mi iglesia, en mi comunidad, en el mercado, en mi lugar de trabajo, en mi país y en todo el mundo. Derrámate sobre las personas.

         Tú que eres el Señor de la cosecha, te pido que envíes obreros, ponlos en lugares estratégicos para ministrar mientras Tú derramas de Tu Espíritu sobre toda carne. Dios omnipotente, manifiéstate de una manera poderosa y fuerte con señales y maravillas. Espíritu Santo, sopla sobre todos los seres humanos. Oro, en el Nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús. Amén.

 

Versículos de referencia: Juan 3:16-17, 10:10; Proverbios 4:20-22; Juan 6:63, Romanos 8:11; Efesios 4:23-24; Colosenses 3:10; Juan 4:14, 7:38; Mateo 13:39, 9:38; 2 Crónicas 16:9; Romanos 15:19.

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