Ocho pasos para alcanzar su destino: una prosperidad abundante

Dios tiene un lugar al que desea que vayamos: A la prosperidad abundante.  Yo creo con todo mi corazón que el Señor desea prosperarnos. De hecho, yo creo que la prosperidad es una expresión del amor del Padre hacia nosotros. Ahora bien, por favor comprenda que no sólo me estoy refiriendo al dinero. Ésta incluye dinero, pero es más que sólo eso. Dios anhela que usted prospere en su espíritu, en su alma, en sus emociones y en su cuerpo físico. Así como en su unción, en sus relaciones, en su matrimonio y en su trabajo. Él desea que usted disfrute al máximo las promesas de Dios.

Dios ya cumplió Su parte. Él permitió que muchas cosas estuvieran a nuestra disposición, pero si no entendemos el proceso que necesitamos llevar a cabo para llegar a nuestro destino, es posible que vivamos el resto de nuestras vidas sin gozar de la plenitud de lo que Él diseñó para nosotros.

Existen ocho pasos en este proceso. Si su destino es la prosperidad abundante, tendrá que comprender y respetar este proceso. Así que analícelo cuidadosamente, y observe cómo impacta cada paso su vida.

 

Paso 1: La Palabra de Dios

Aquí inicia el proceso. Si desea alcanzar su destino: la prosperidad abundante, necesitará empezar con la Palabra: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1).

La Palabra es la semilla incorruptible, siempre da fruto, y nunca falla. Es el origen de toda prosperidad —la puerta a las bendiciones de Dios—. No podemos alcanzarla sin la Palabra.

La prosperidad se determina por la Palabra, no por el dinero. No importa cuánto demos, nuestro dinero no tiene  futuro si no se respalda con una “semilla de Palabra”; es decir, una revelación que proviene de la Palabra de Dios. La semilla de la Palabra es la que en realidad causa que la semilla del dinero prospere. Muchos de nosotros deseamos dar semillas de dinero, pero no tenemos semilla de Palabra. Entonces cuando liberamos la semilla de dinero, no existe ninguna fuerza que la respalde.

Por ejemplo, imagine a un predicador que nunca ha experimentado un rompimiento financiero. Cuando llega el tiempo de la ofrenda, él siempre la da; no obstante, sus finanzas nunca mejoran en su vida. ¿Por qué? Porque aunque está sembrando una semilla de dinero, nunca ha recibido la revelación de la Palabra con respecto a rompimientos financieros. Él sembró la semilla de dinero; sin embargo, ésta no tendrá futuro si no va acompañada de la semilla de la Palabra.

La Palabra de Dios, la semilla de la Palabra, determina la prosperidad en cada área de la vida. Ésta lo hará prosperar en salud cuando el doctor le diga que está enfermo. Ésta le permitirá prosperar en paz cuando sienta que está a punto de perder la razón. La semilla de la Palabra lo hará prosperar cuando su matrimonio parezca fracasar.

El proceso al destino de la prosperidad abundante, comienza con la Palabra.

 

Paso 2: Sus pensamientos

Si le pregunta a las personas por qué leen la Biblia, le darán todo tipo de respuestas. Pero deberían leerla, a fin de que ésta gobierne sus pensamientos, y les enseñe qué tipo de mentalidad tener. Éste es el segundo paso. Una mentalidad bíblica o mentalidad próspera. En 3 Juan 2 leemos: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma». La prosperidad de su vida se basa en la prosperidad de su alma: es decir, su mente, su voluntad, y sus emociones.

Usted será el reflejo de sus pensamientos. En Proverbios 23:7 se nos declara: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él…». Si usted piensa que será pobre toda su vida, probablemente así ocurrirá. Si cree que la crisis financiera lo llevará a la quiebra, entonces quebrará.

Realice un autoanálisis con respecto a la manera en que piensa. ¿Tiene una mentalidad de escasez, de pobreza, de enfermedad, o de derrota? Es necesario que examine cuál es su pensamiento y qué influye sobre él, pues lo que sucede en su vida ha sido trazado, conforme a su manera de pensar.

 

Paso 3: Sus emociones

La Palabra lo guiará para que sus pensamientos se alineen a ésta. Y al lograrlo, sus emociones también se alinearán a la Palabra.

Dios nos dio emociones, son un regalo. Jesús tenía emociones, en la Biblia leemos que Él se compadeció de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). No existe ningún problema en que sintamos emociones… pero debemos asegurarnos que éstas no nos controlen a nosotros.

Las emociones son sentimientos causados por el dolor o el placer, las cuales lo dirigen o mueven en cierta dirección. Dios le dio emociones; no obstante,  si no aprende cómo controlarlas, éstas lo llevarán a lugares donde no necesita ir.

El diablo quiere apartarlo de la voluntad de Dios con respecto a la prosperidad; por tanto, tentará sus emociones. El enemigo intentó hacerlo con Jesús en el Getsemaní.  Jesús estaba sudando gotas de sangre, pues tenía tristeza y angustia (Marcos 14:33). Él estaba resistiendo, y tratando de no permitir que Sus emociones lo dominaran.

Mientras Jesús resistía, se nos describe que Él : «…se fue un poco adelante…» (Marcos 14:35), y se mantuvo orando. Cuando sus emociones traten de sacarlo de la voluntad de Dios, actúe como Jesús: vaya hacia delante. Continúe realizando la voluntad del Padre, sin importar cómo se sienta.

Usted posee autoridad sobre sus emociones.

 

Paso 4: Sus decisiones

Es vital que comprendamos cómo gobernarnos a nosotros mismos, y cómo tomar el control sobre nuestras emociones. Pues de la manera en que nos sintamos, se determinará el siguiente paso en este proceso: las decisiones que tomamos.

La vida es una serie de decisiones. Cada día al levantarse, usted toma una decisión. De acuerdo con Deuteronomio 30:19, usted posee libre albedrío. Usted puede escoger la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Y cuando toma decisiones alineadas a la voluntad de Dios, el cielo lo respaldará.

Observe lo que sucedió cuando Jairo tomó la decisión de interrumpir los planes de Jesús. En Marcos 5:21-23 leemos: «Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.  Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá».

Ahora miremos la reacción de Jesús en el versículo 24: «Fue, pues, con él…».

 ¿Logró ver el resultado? Jesús salió del bote, listo para cumplir la voluntad de Dios en Su vida; pero cuando Jairo lo interrumpió, Jesús fue con él.

Luego en el versículo 28, justo en medio de esa situación, una mujer que padecía de flujo de sangre se acercó. Ella había tomado una decisión: «Si tocare tan solamente su manto, seré salva». Jesús se detuvo y la sanó en ese momento. Después la hija de Jairo, también recibió sanidad.

En ambas circunstancias, Jesús estaba haciendo algo, cuando lo interrumpían para que se dirigiera a otro lugar. Existe un principio poderoso aquí: Jesús puso Su ministerio y Su unción a disposición de las personas que tomaban decisiones alineadas a Su voluntad. Cuando usted toma una decisión alineada a la voluntad de Dios, Él se detendrá y se dirigirá a su casa para quitar sus cargas y destruir los yugos. ¡Así de poderosa es una decisión!

 

 

Paso 5: Sus acciones

Sus decisiones determinarán sus acciones. Y sus acciones harán que usted prospere: «Así también la fe, si no tiene obras, es muerta…» (Santiago 2:17). Por tanto,  empiece a expresarse conforme a sus decisiones. Talvez ahora no pueda comprar un traje de US$500, pero consiga uno bueno y llévelo a lavar. Consiga una buena corbata y un pañuelo. Comience a caminar como si viviera en sobreabundancia. Dios pesa sus acciones (1 Samuel 2:3), inicie con lo que se encuentra a su alcance. Permita que su actitud refleje su fe.

 

Paso 6: Sus hábitos

Sus acciones determinarán sus hábitos. Usted desarrollará cualquier hábito que realice en su diario vivir. Por tanto, examine sus palabras y sus actitudes diarias, éstas determinarán su potencial.

Si miente, se convertirá en un mentiroso. Si disimuladamente mira pornografía el potencial de desarrollar ese hábito estará en usted. Por consiguiente, cuide sus acciones, pues éstas determinan sus hábitos. Usted desea que éstos se encuentren alineados a la Palabra de Dios.

 

Paso 7: Su carácter

Sus hábitos producirán su carácter. El carácter es lo que las personas esperan de usted. Comprenda lo siguiente: su carácter marca sus limitaciones.

A través de los años, el hermano Kenneth Copeland ha definido el carácter como: «Hacer lo correcto porque es correcto, y hacerlo bien». El carácter que deseamos es, por supuesto, el de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¿Cuál era Su carácter? El amor. Deberíamos comenzar a desarrollarnos en el carácter del amor ágape y aprender a amar a las personas con este amor.

 

Paso 8: Su destino

Finalmente, el tipo de carácter que desarrolle determinará el destino de su vida. ¿Cuál es su destino? En Juan 10:10 leemos de manera breve lo que Jesús afirmó: “…Yo he venido para que tengan vida, la disfruten,  y para que la posean en abundancia, (por completo, hasta que sobreabunde)” [Traducción libre de The Amplified Bible]. Ése es su destino. ¡Disfrute la vida! Ése fue el propósito de su creación. ¡Amén!

La Palabra en su interior produce su forma de pensar, sus pensamientos producen sus emociones, sus emociones producen sus decisiones, y éstas producen sus acciones, Sus acciones producen hábitos y éstos producen su carácter, y su carácter produce su destino. El éxito que logre en su vida, está determinado en cómo maneje ese proceso. Usted está destinado para vivir una vida abundante. Usted ha sido destinado a estar sano, a tener paz, prosperidad y bienestar. Usted fue destinado a ser feliz. Ése fue el propósito de su creación: gozar de ¡una vida sobreabundante! Ése es su destino: Prosperidad sobreabundante.

 

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