¡Libre del pecado y de la enfermedad!

            «…El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias» (Mateo 8:17).

Cuando Jesús tomó nuestros pecados, también llevó nuestras enfermedades. En la Cruz se dictaminó una cura total contra toda enfermedad.

La Iglesia de Cristo fue liberada, tanto de la enfermedad como del pecado. Quizá un cristiano continúe pecando después de haber nacido de nuevo; sin embargo, no debe obrar de esa manera. Pues el pecado ya no señorea sobre él, a menos que se lo permita (Romanos 6:14).

Talvez un creyente siga enfermo después de haber nacido de nuevo, pero no debe ser así. Pues ha sido redimido de la enfermedad y ésta no puede ejercer ningún dominio sobre él —a menos que él se lo permita—; pues ya se pagó un precio por su sanidad.

La mayoría de cristianos sólo conoce una parte de su redención. Entonces su fe obrará según el conocimiento que tengan de la Palabra de Dios. Si supieran que la sanidad ya les pertenece, desde hace mucho tiempo hubieran comenzado a vivir en salud divina. 

Cuando acepte la verdad de que Jesús no sólo llevó sus pecados, sino también sus enfermedades, su debilidad y su dolor; sus días de enfermedad terminarán.

La luz de la Palabra destruirá lo que Satanás ha retenido en su vida, con respecto al sufrimiento físico. Pues la verdad lo libera de su dominio cuando se percata de que Jesús ya compró la sanidad con Su sacrificio.

«Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:4-5).

Todo lo que se describe en Isaías 53, se refiere a la sustitución que Jesús realizó por la humanidad en la Cruz: «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades…». Según el Young´s Analytical Concordance la palabra choli se traduce como: enfermedades, la cual significa: “dolencia, debilidad y dolor”.

Ciertamente Jesús llevó su enfermedad, su debilidad y su dolor; y lo llevó a cabo para que usted fuera libre. En Isaías 53:6 leemos: «…mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros». Y en Isaías 53:10 se nos explica: «Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento...». (De acuerdo al Dr. Young, la palabra padecimiento significa: enfermar; entonces debería traducirse: “Él fue hecho enfermedad”). Por tanto, no es la voluntad de Dios que usted viva enfermo si Jesús ya sufrió por usted.

De tal manera amó Dios al mundo que ideó la sustitución de Su único Hijo, a fin de redimir al ser humano de la maldición de Satanás. En Gálatas 3:13 se nos manifiesta: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero».

 

Jesús estuvo dispuesto a tomar la maldición sobre Su propio espíritu, alma y

cuerpo; a fin de que usted ya no continuara bajo el dominio del diablo.

No existía la enfermedad antes de que la humanidad se hiciera uno con Satanás. El pecado es la raíz de donde proviene la enfermedad. Así como el pecado es la manifestación de la muerte espiritual en el corazón del ser humano, la enfermedad es la manifestación de la muerte espiritual en el cuerpo.

Jesús no sólo pagó el precio del nuevo nacimiento de su espíritu y la sanidad de su cuerpo, sino que también llevó el castigo de su paz. Satanás no tiene derecho de atormentar su mente. Usted ha sido redimido del temor, de la ansiedad, de la depresión o cualquier cosa que no permita que su mente goce de paz. Jamás deposite su confianza en   un sedante. Jesús ya pagó el precio para que usted disfrute de sanidad y paz en su mente. Por tanto, no deje que el enemigo le robe su paz.

 

Redención total

Jesús vino a deshacer todas las obras del enemigo (1 Juan 3:8). Él no destruyó el pecado, para luego entregarle el dominio a la enfermedad. Claro que no, pues redimirnos parcialmente del poder de Satanás no habría agradado a Dios, y tampoco habría cumplido el plan que Él tenía para Su familia.

Él redimió cada área del ser humano: justicia para su naturaleza, paz para su mente y sanidad para su cuerpo—. La redención abolió toda la maldición que vino sobre los seres humanos  a causa del pecado. Jesús destruyó por completo las obras de maldad en la vida de las personas.

En 1 Corintios 6:20 leemos: «Porque habéis sido comprados por precio; [¡Un gran precio!]  glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios». No debería existir ningún tipo de enfermedad en el Cuerpo de Cristo. Cuando alguien esté  enfermo y se encuentra en medio de nosotros, el poder sanador de Dios debería fluir, a fin de que reciba sanidad.

En Levítico se menciona que Israel utilizaba a Azazel [un becerro que era utilizado para la expiación]. El sacerdote imponía manos sobre un becerro real, y colocaba los pecados de las personas sobre éste y lo enviaba al desierto —totalmente alejado de la gente—. Eso fue lo que Jesús hizo con su enfermedad y sus dolencias. ¡Él las llevó por usted!

Así que levántese en el nombre de Jesús, y ordénele a la enfermedad y a las dolencias que se vayan de su vida. No les dé lugar en su cuerpo. Ordéneles que se aparten de usted —lejos de su presencia, fuera de su hogar y de su familia—.

 

 

La salvación lo cubre todo

El término salvación no expresa por completo el significado de la palabra griega sozo. Salvación no sólo implica el nuevo nacimiento de su espíritu, sino también paz para su mente y sanidad para su cuerpo. Según Vine: Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento, salvación quiere decir: “liberación, conservación, liberación material y temporal del peligro y la aprehensión”.

 

En Marcos 16:15-16 leemos: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado». El Evangelio es la buena nueva de lo que Jesús realizó cuando se sacrificó en lugar nuestro en la Cruz.

«…Y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5); esta declaración no sólo es una promesa, sino un hecho. Ya ocurrió ese sacrificio. Jesús llevó sus enfermedades, y por su llaga usted fue sanado.

No existe pecado tan grande que el sacrificio de Jesús en el Calvario no pueda cancelar y borrar —como si nunca hubiera existido—.

El poder de Dios limpia y transforma, a aquel que participa del regalo de la salvación, hasta que ya no queden rastros de la vieja naturaleza o del pecado. Cuando usted nace de nuevo, se convierte en un nuevo ser, una nueva criatura. Su nuevo espíritu es creado en la justicia de Dios.

No hay ninguna enfermedad tan grave en el cuerpo humano que el sacrificio en el Calvario no pueda cancelar y borrar —como si jamás hubiera existido—.

El Evangelio muestra las buenas nuevas del sacrificio que Jesús realizó por cada persona al sustituirla en la Cruz. Él llevó sus pecados; por tanto, usted ya no debe cargarlos. ¡Usted fue perdonado! Él los cargo por cada pecador. Él llevó sus enfermedades; entonces ya no debe padecerlas. ¡Usted puede recibir sanidad ahora! Él hizo esta obra por cada ser humano enfermo. Él llevó el dolor de cada persona que sufre. Éste es el significado del Evangelio: las buenas nuevas de lo que Jesús hizo por todos nosotros.

El Señor ordenó que estas buenas nuevas fueran predicadas a cada criatura, pues cualquiera que las escuche y las crea será salvo y sano.

Como el Cuerpo de Cristo, no debemos tolerar la enfermedad. Jesús ya pagó el precio por nuestra redención de toda la maldición de la ley. ¡Recibamos ahora nuestra libertad! 

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