Cómo tener un matrimonio armonioso

El principal problema en los matrimonios es la contienda.

La armonía en el hogar es una de las mayores bendiciones en la vida. Pero también es una de las más fáciles de perder si no decidimos hacer todo lo posible para cultivar nuestra relación matrimonial.

En la Palabra podemos aprender la actitud correcta que debemos desarrollar dentro del matrimonio: “Que el matrimonio se tenga en alta estima (estímenlo como digno, precioso, de gran valor, y especialmente apreciado). Y el lecho del matrimonio sea sin mancilla (sea honroso); pues Dios juzgará y castigará a los impuros [todo aquel que sea culpable de vicio sexual] y adúlteros” (Hebreos 13:4; [Traducción libre de The Amplified Bilbe]).

Cuando una pareja deja de considerar el matrimonio como algo precioso y amado, se vuelven egoístas y conflictivos el uno con el otro. Al no corregir esas actitudes, tendrán una vida llena de contienda y con el tiempo puede haber divorcio, pecado sexual, maltrato físico o muerte.

Debemos aprender de la Palabra de Dios cómo vivir en armonía con los demás. Si no estamos haciendo lo necesario para lograrlo, entonces hemos decidido mantenernos en el ámbito destructivo de la contienda.

La contienda es mortal. Ésta le abre la puerta al diablo para que robe, mate y destruya nuestra vida familiar. Cada vez que estamos en contienda, le damos permiso al diablo para que nos tome cautivos: bajo su voluntad. En 2 Timoteo 2:24-26 leemos: «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él».

La contienda le concede el control al diablo. En toda la Biblia, Dios nos advierte del peligro de ésta; y aún así, es uno de los problemas más comunes entre nosotros los creyentes. Sin duda alguna, no la dejamos entrar a propósito, pues no nos despertamos en la mañana, diciendo: “Creo que hoy provocaré una gran contienda en casa”. Sino que por descuido, le permitimos entrar en nosotros, un pequeño enojo a la vez.

Si usted acostumbra a irritarse por todo, entonces decida vencer esa tendencia. Tome una postura firme contra esas pequeñas situaciones de contienda. Si siempre se enoja por cualquier cosa, quizá le tome algún tiempo romper ese hábito, pero puede lograrlo. Tal vez deba trabajar en ello paso a paso, y al hacerlo, estará en una posición donde Dios puede guiarlo y librarlo de cometer graves errores.

La contienda se alimenta del egoísmo. Y uno de los lugares donde es más fácil ser egoísta con sus seres queridos, es en su propio hogar. Estar con otras personas muchas veces crea un estímulo para obrar en amor y usted puede ser más amigable y cortés con amigos y conocidos que con su propia familia. Cuando se encuentra en el hogar con su familia, puede venir la tentación de darse “el privilegio” de ser egoísta y así provocar la discordia —como si esto no tuviera consecuencias en el hogar—. Quizá usted mismo le diga palabras a sus seres queridos que ni en sueños le diría a alguien más. Las palabras desconsideradas e hirientes que le decimos a nuestro cónyuge o hijos pueden crearnos un hogar de contienda.  

En toda relación hay desacuerdos, pero es más importante evitar la contienda que justificarnos con nuestra propia opinión.

Entonces, ¿cómo detenemos la contienda? Al buscar, en la Palabra de Dios, Su sabiduría para resolver los problemas. La sabiduría que proviene de lo alto es pacífica, amable, suplica con facilidad y está dispuesta a ceder ante la razón.

  Tanto el esposo como la esposa perciben las cosas de manera diferente; no obstante, si están comprometidos con la Palabra, la contienda no puede existir. Si cada uno vive en amor y le otorga el primer lugar a las Escrituras en su vida (en lugar de los deseos egoístas), Satanás no tendrá oportunidad para provocar discordia y división. Cuando permite que la Palabra de Dios sea la autoridad final para resolver los desacuerdos, ésta quitará la presión sobre la familia y restaurará la armonía en su hogar.

Los matrimonios cristianos que aprenden a vivir y a orar en armonía, son instrumentos poderosos del Señor Jesús. Al ponerse de acuerdo y orar juntos por alguna petición, ésta se cumplirá (Mateo 18:19). Las recompensas de vivir en armonía y de apoyarse el uno al otro son más valiosas que el esfuerzo requerido para andar en amor mutuo.

No permita que el diablo lo engañe. Al momento en que se dé cuenta que Satanás trata de inducirlo a la contienda, deténgalo inmediatamente en el nombre de Jesús. Aprenda a resistirla, así como lo hizo con el pecado y la enfermedad. Pues en la Palabra se nos enseña: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria…» (Filipenses 2:3). Obedezca la Palabra de Dios y sea libre de las obras de maldad de Satanás.

Si usted necesita consejo adicional; por favor, considere contactar a su pastor local o a un pastor en su ciudad que esté lleno de la Palabra. Permítale que lo ministre y aconseje.

Kenneth Copeland Ministries on FacebookKenneth Copeland Ministries on TwitterKenneth Copeland Ministries on YoutubeKenneth Copeland Ministries Blog